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MUJERES DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS: COSMOVISIÓN Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA

26 may
5 min de lectura

“Quiero y mando, y es mi voluntad, que todos los esclavos, indios e indias naturales de esta tierra, que el dicho Juan Cano, mi marido, y yo tenemos por nuestros propios, por la parte que a mí me toca, sean libres de todos servicios, servidumbre y cautiverios, y como personas libres hagan de sí su voluntad, porque yo no los tengo como esclavos, y en caso de que lo sean, quiero y mando que sean libres.


— Tecuichpo Ichcaxóchitl

Agradezco la oportunidad de seguir plasmando, desde este aquí y ahora, lo que se me ha permitido aprender —y muchas veces fallar— al hablar sobre nuestra cultura milenaria. Pretendo que este intento llegue a las personas indicadas, para que podamos intercambiar ideas, experiencias y fortalecer los lazos de identidad en nuestras relaciones y comunidades.

Al iniciar este artículo nombro a quien se reconoce como la primera mujer en abolir la esclavitud después del genocidio español. Es muy importante mencionarla, no solo porque fue encomendera de Ocoyoacac, sino porque me parece una forma de honrar su legado. Fue una mujer defensora del territorio que, aun en las condiciones más complejas, nunca abandonó la lucha por su pueblo.

“Tecuichpo (Tecuixpo) transitó los inicios de la dominación española; su vida fue de aprendizaje, resistencia, dolor, fortaleza, rebeldía y lucha.”


Cosmovisión y ruptura colonial

En nuestras tierras americanas, la historia de los pueblos originarios en Abya Yala revela una profunda relación entre territorio, cosmovisión y participación política. En este marco, las mujeres originarias somos portadoras de saberes ancestrales, defensoras de la vida y agentes de transformación social. Sin embargo, la colonización y la imposición del sistema patriarcal han limitado su participación y generado múltiples formas de violencia.


La mujer de los pueblos originarios, su papel en la defensa del territorio y los desafíos en el ámbito político y social.


Antes de la colonización, los conocimientos de las mujeres eran altamente valorados y su acceso a tierra y territorio era equivalente al de los hombres. La llegada del genocidio español implicó la imposición de la religión católica y de prácticas patriarcales occidentales, que transformaron las estructuras comunitarias y desplazaron las deidades femeninas en favor de un Dios masculino (Rivera Cusicanqui, 2018). Este proceso instauró un modelo de dominación basado en la violencia, primero ejercida por terratenientes y posteriormente por el Estado.


Legado y memoria ancestral 

Las mujeres de los pueblos originarios poseemos un legado ancestral y una memoria genética que constituye un pilar de identidad y resistencia cultural. Reconectar con esta memoria permite comprender las raíces de la desigualdad y la violencia que persisten en la actualidad.

La triple forma de violencia hacia las mujeres indígenas —por género, por pertenencia étnica y por condición socioeconómica— evidencia la profundidad de las estructuras patriarcales y coloniales que aún operan en nuestras sociedades (Gargallo, 2012).

La violencia machista y feminicida nos rodea. 



Reformas y límites de la participación

Las recientes reformas que reconocen a los pueblos indígenas como sujetos de derechos, están aún muy lejos de alcanzar la igualdad sustantiva. La violencia machista sigue permeando en los espacios de poder, desde una asamblea comunitaria hasta la posibilidad de participar en procesos democráticos.

Desde esa cosmovisión, las mujeres son parte esencial del todo. Incluso los hombres poseen un lado femenino que pocas veces se nombra y mucho menos se trabaja.

México, como país pluricultural, alberga una diversidad de pueblos originarios cuya cosmovisión reconoce la complementariedad entre lo masculino y lo femenino. Sin embargo, esta dualidad ha sido reinterpretada bajo jerarquías que favorecen al hombre, limitando la participación plena de las mujeres (Lugones, 2010).



Roles históricos de las mujeres indígenas

  • Defensa territorial y ambiental. Lideresas en la resistencia contra el extractivismo y la

destrucción ambiental. La lucha se centra en enfrentar el modelo económico capitalista, patriarcal y colonialista, que prioriza la ganancia y la devastación sobre el bienestar comunitario y el ecosistema.

  • Liderazgo político y social. Se posicionan en espacios de toma de decisiones. La mayor lucha es por la vida. Aun con todo el proceso histórico, hoy en día se siguen impulsando proyectos de destrucción basados en una idea de progreso occidental, que deja de lado el equilibrio con la naturaleza y privilegia acuerdos que favorecen al sistema capitalista imperante.


Producto de esa occidentalización, se nos enseñó a despreciar lo nuestro, se crearon leyes para legitimar el robo y se normalizó la violencia sexual.Históricamente, es muy importante reconocer la lucha que las mujeres de los pueblos han dado para mejorar el sistema en el que nos encontramos. En Chiapas, por ejemplo, se integraron demandas de género en un proyecto de autonomía, mostrando la capacidad transformadora de las mujeres

originarias.

Los principios que guían estas luchas son valores de izquierda: justicia, igualdad y anticapitalismo.

Cosmovisión vs patriarcado

Un punto fundamental es diferenciar entre lo que se conoce como cosmovisión, que constituye un pilar de identidad y resistencia cultural contra la colonización, y la práctica patriarcal que algunos hombres intentan legitimar para limitar la participación, los derechos y las libertades de las mujeres.

Si bien en la mayoría de estas cosmovisiones se encuentra el término dualidad, este se refiere a un equilibrio presente incluso en la naturaleza, entre lo masculino y lo femenino. Sin embargo, muchas veces se plantea una dualidad subordinada y una jerarquía que favorece al hombre.


El patriarcado como raíz de la opresión

Al analizar la historia de la humanidad, podemos darnos cuenta de que nuestro principal

problema, y la raíz de todo, es el sistema patriarcal.


“El patriarcado constituye la base de las opresiones, explotaciones y violencias que afectan tanto a la humanidad como a la naturaleza.” Segato (2016) sostiene que la violencia de género no es un acto aislado, sino una manifestación de un sistema más amplio de dominación patriarcal, arraigado en las estructuras sociales, económicas y políticas. Este sistema controla el cuerpo de las mujeres, domina su sexualidad, desvaloriza sus conocimientos y desplaza sus deidades. Por ello, la lucha de las mujeres originarias no se limita a la reivindicación de derechos, sino que apunta a la transformación estructural y a la caída del patriarcado.


Este sistema se construyó de manera violenta sobre la explotación y desvalorización de las mujeres y su cuerpo. Es una forma de dominación que abarca todas las esferas de la vida: ideas, prácticas sociales, económicas, políticas, creencias, leyes y relaciones de poder.


Las mujeres somos creadoras, pero este sistema busca adueñarse de nuestro cuerpo, dominar nuestra sexualidad, ejercer violencia, apropiarse de nuestro conocimiento y someter a nuestras comunidades.


Violencias que limitan la participación

En esta primera parte queremos nombrar algunas de las violencias que nos atañen que limitan nuestra participación política, pública y privada:

• Violencia doméstica.

• Abuso sexual.

• Violencia pública por acoso.

• Cosificación en los medios de comunicación.

• Explotación y feminicidios.


Para que la participación política se dé en condiciones de igualdad, debemos cuestionar todo este sistema que nos despoja de nuestro propio cuerpo-territorio. Urge ejercer nuestra libre determinación, libre de formas patriarcales y machistas.


Hacia otro mundo posible

Debemos buscar la construcción de otro mundo, basado en relaciones de respeto propio y de nuestro entorno, recuperar el carácter sagrado de la naturaleza y fomentar el bien comunitario.


La participación política de las mujeres originarias no solo implica la reivindicación de derechos, sino la construcción de un proyecto civilizatorio distinto, que supere las estructuras de dominación y fomente el bien comunitario.


El tema no es caerse, levantarse es la victoria 

Ideas por el mundo vuelan en perfecta trayectoria

Se alzan por la pampa, se alzan por desiertos

Pueblos diferente' unidos con el mismo sueño

Un mundo donde la mujer y el hombre nuevo

Caminen libres, emancipados y sin miedo

Y va a caer.

Rebel Diaz ft. Ana Tijoux


Continuará…


Referencias y recomendaciones:

• García Santos, L., et al. (2020). Aportes del feminismo indígena decolonial al Buen Vivir.

Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

• Gargallo, F. (2012). Feminismos desde Abya Yala: Ideas y proposiciones de las mujeres de

607 pueblos en nuestra América. Ediciones Desde Abajo.

• Lugones, M. (2010). Colonialidad y género. Tabula Rasa, (12), 73–101.

• Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.


 
 
 

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